La importante exterogestación: 9 meses dentro, 9 meses fuera.

Y sí: en un abrir y cerrar de ojos han pasado nueve meses. Nueve meses dentro y nueve meses fuera. Y de eso os vengo a hablar hoy. De la exterogestación. Exteroqué? Vale. Empecemos por el principio. Como todos sabemos el embarazo dura más o menos nueve meses. Eso está claro. Lo que pasa es que resulta que debería durar casi el doble. Si, yo también pienso que eso sería tremendo. Y por eso parimos antes. Por eso y porque al ser los humanos la especie más inteligente del planeta, necesitamos también un cráneo muy grande. Si el cráneo se desarrollara completamente dentro del útero, no podríamos pasar por el canal de parto.Processed with VSCO with a4 preset

Así que la evolución hizo que se adelantase unos meses el nacimiento. La exterogestación son esos más o menos nueve meses en los que el bebé necesita completar su desarrollo fuera del útero. Algo parecido a lo que hacen los canguros con sus crías al tenerlas dentro de la bolsa. Durante este tiempo el cuerpo y alma del bebé están preparados para recrear lo máximo posible las condiciones que se dan´ dentro de la barriga.

Y ahora que ya sabemos en qué consiste la exterogestación ¿cómo lo logramos? Pues básicamente es lo que Enrique Blay (por cierto os recomiendo muchísimo su libro “El bebé emocional”) llama alimento afectivo.

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Él dice que el bebé necesita alimento nutriente y alimento afectivo. El alimento nutriente aporta las sustancias necesarias para la construcción y desarrollo del cuerpo, promoviendo la salud física. Y el alimento afectivo satisface todas las necesidades psicoemocionales del bebé, promoviendo la salud psicológica. Constituye los cimientos donde reposará toda la construcción posterior. Ese sustrato que nos ayudará a aguantar después, a resistir adversidades. Es también la base del apego primario (el apego a partir del cual construimos todos los demás apegos y a partir del cual desarrollamos todas nuestras relaciones posteriores).

Igual que somos conscientes de qué consecuencias tiene saltarnos una toma de leche o no darle la comida a nuestro bebé deberíamos ser conscientes de qué consecuencias tiene no alimentar afectivamente lo suficiente a nuestro bebé.

Tal y como dice Enrique, tenemos cinco herramientas a nuestro servicio para alimentar afectivamente a nuestros bebés:

  • Lactancia materna y a demanda: Se ha hablado muchísimo de los grandes beneficios de la lactancia materna, así que no creo que haga falta volver sobre el tema. Pero si os interesa, podéis visitar este post de Lactapp donde se explican con todo detalle. Si que es importante recordar que la lactancia no solo se trata de alimentación, también es una gran oportunidad de comunicación emocional entre mamá y bebé. Y eso no pasa solo con la lactancia materna, también se puede conseguir al dar un biberón con amor y respeto.
  • Atención al llanto: Escribí un post entero dedicado a este tema que puedes visitar aquí. Pero en todo caso, resumiendo, el llanto es la única manera que tiene un bebé de expresar malestar. Si lo atendemos y lo escuchamos ayudamos al bebé a sentir que cuando algo no va bien, alguien está ahí para ayudarlo.

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  • Colecho: Consiste en compartir la cama. Ya sea en la misma cama, en otra cuna o en una cuna sidecar. El colecho ha sido sin duda uno de mis grandes aliados durante estos nueve meses de maternidad. Tanto por la comodidad de Blai como por la mía. Si os interesa, hacédmelo saber y puedo escribir un post entero sobre cómo nos hemos organizado. Pero, en este contexto el colecho es importante para poder dar respuesta a dos necesidades básicas del bebé, la de alimentación y la de seguridad. Como decíamos antes, la lactancia es a demanda. Y si duermes al lado de tu bebé es muchísimo más fácil darle el pecho cada vez que lo necesite. Pero por otro lado, el bebé también necesita sentirte a su lado. ¿Porqué? Pues como dice Ágata (mi profesora de yoga en Mamayoga), los bebés de hoy en día son los mismos bebés que hace 300 000 años. Y hace tres cientos mil años, si un bebé estaba solo en la oscuridad, era devorado por los lobos. Por eso lloran cuando te separas cinco centímetros, porque necesitan sentir tu calor, que estás a su lado, que los proteges. Eso les da confianza y seguridad.
  • Contacto físico: Como decíamos antes, el cuerpo del recién nacido está diseñado para imitar las condiciones del útero lo máximo posible. Así, en el regazo de mamá obtiene todo lo que necesita: alimento, calor y apego. Como os decía en este post, para mí el porteo ha sido una manera genial de poder tener a Blai siempre conmigo y poder tener las manos libres para hacer otras cosas.

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  • Tiempo: Si, los bebés necesitan nuestro tiempo. Y en esta sociedad patriarcal y capitalista – dejadme hablar mal cuando la situación lo requiere – está jodido. Yo os conté aquí porqué decidí coger una excedencia. Pero soy muy consciente de que no tod@s podemos y de lo injusto que es. Aprovecho este pequeño espacio para pedir una vez más permisos maternales más largos. Y para reivindicar la importancia de unos permisos transferibles. Si os interesa el tema podéis buscar la plataforma PETRA. Pero no me enrollo más con esto. La cosa es que necesitan que les dediquemos tiempo. Tiempo de calidad y en exclusiva. Y lo hemos de intentar sacar de donde sea.

Pues bien, es este alimento afectivo, el conjunto de estos cinco elementos, lo que hace que el bebé se sienta amado. Lo que le hace sentir digno de amor y valioso. Por el simple hecho de existir. Esta sensación hace que el bebé se pueda ir sintiendo cada vez mas confiado y seguro. Esta seguridad en sus padres, en ellos mismos y en su entorno es lo que hará posible que empiecen el camino hacia la independencia. Y lo que posibilitará que forjen una buena autoestima y una buena autoimagen. Y es que al final, estas dos son la base de la felicidad. Si, invertir en alimento emocional es invertir en la felicidad del bebé.

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Se que no podemos estar siempre al cien por cien. Se que además el entorno y el sistema presionan en otra dirección. “Vuelve a trabajar, que ya toca”. “¿Hasta cuando le vas a dar el pecho? que ira al instituto y aún te pedirá”. “Si es que está enmadrada, va a ser una mimada”. “Este niño va a ser muy dependiente, fíjate, no se separa”. Son frases que desgraciadamente muchas estamos acostumbradas a escuchar. Es importante poder silenciarlas. Poder acallarlas y escucharnos a nosotras mismas y a nuestros bebés. A lo que necesitamos y lo que ellos necesitan.

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Y se que no podemos ser madres perfectas. Y como he dicho en varias ocasiones eso tampoco sería conveniente. Pero la cosa es ser conscientes e intentar estar presentes para el bebé en el máximo de nuestras posibilidades. Y es que básicamente de eso va todo ¿no? De ser las mejores madres posibles para nuestros bebés.

 

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