Educar a un niño en el feminismo

El mes de marzo es un mes en el que recibimos muchísima información sobre la mujer, sobre el feminismo, sobre la educación. Y a mí esto me hace parar a pensar. Pensar y revisar. La verdad es que siempre he sido de pensar mucho las cosas. De darle vueltas. De no conformarme.

Y pensando he caído en que he leído bastante sobre como educar a las niñas en el feminismo, pero he leído poquísimo sobre cómo hacer con los niños. Como sabéis yo tengo un hijo de nueve meses, Blai, y para mí resulta de vital importancia poder educarlo para que sea feminista, para que luche por la igualdad real entre el hombre y la mujer. Opino que educar a los niños en esta convicción es una parte fundamental del cambio. Tal y como dice Gloria Steinem “Estoy contenta de que hayamos comenzado a criar a nuestras hijas más como a nuestros hijos, pero no funcionará hasta que criemos a nuestros hijos más como a nuestras hijas”.

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Así que he decidido que hoy os voy a hablar de esto, de cómo educar a los niños en el feminismo. Veréis que muchos temas de los que voy a hablar sirven para todes les niñes, pero si que hay alguna cosa que considero especialmente importante con los niños.

Para empezar, creo que lo principal para educar en el feminismo es practicarlo en casa. Como en todas las cuestiones de la crianza, lxs niñxs no harán lo que nosotras digamos, sino lo que vean que nosotras hacemos. Tienen que ser capaces de ver que sus m/padres dividen las tareas por igual. Que los dos colaboran al mismo nivel en la organización de la casa. Que los dos tienen la misma responsabilidad en la crianza. Por ejemplo, yo cuando era pequeña, tenía claro que si quería saber qué día me tocaba pediatra, no me iba a servir de nada preguntarle a mi padre, ya que seguro que no lo sabía. Este tipo de situación ha perpetuado, de alguna manera, que yo me sienta más responsable de llevar al día las citas pediátricas de Blai, las revisiones, las vacunas… Me parece muy importante poder romper esa cadena y hacerlo de otra forma. Que Blai pueda ver que tanto papá como yo nos ocupamos de su crianza. Que los dos nos encargamos de pensar lo que hay que comprar y las tareas pendientes. Vaya, que los dos seamos igual de responsables.

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Para practicar el feminismo en casa creo que también es necesario revisarse. En muchos sentidos. Empezando por la manera de hablar. No nos damos ni cuenta y muchas veces empleamos un lenguaje sexista y binario. Educar en el feminismo creo que también debe implicar empezar a ser más conscientes de qué palabras utilizamos y cómo nos dirigimos a nuestros hijos. Esto va desde no usar la palabra “niña” como un insulto hasta no dirigirnos a las niñas con “bonita, guapa, preciosa…”. Como explica Bel Olid en su libro “Feminismo de bolsillo” en un estudio se cogieron 10 bebés, a 5 se los vistió de rosa y a 5 de azul y se los enseñaban a diferentes personas. Estas personas describieron a los bebés vestidos de rosa como “bonita, dulce, delicada, pequeña “ y los de azul como “fuerte, inteligente, tozudo, grande”. Luego intercambiaron los vestidos y repitieron. Y se intercambiaron los atributos. La que era pequeña pasó a ser grande y los que eran fuertes pasaron a ser delicados. Con todo esto quiero decir que estos adjetivos, estas maneras de dirigirnos a niños o niñas nos salen inconscientemente, y hemos de ser capaces de darnos cuenta e intentar cambiarlo. Un último apunte sobre el lenguaje y que yo todavía tengo pendiente, es usar un lenguaje no binario. Puede ser que nuestre hije (si, hay que empezar a usarlo) no se sienta representado por una división binaria de los géneros , y tiene que sentir que eso está bien y que hay maneras en las que nos podemos dirigir a elle y en las que elle puede hablar de sí misme.

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De la mano del lenguaje viene la forma en que lo vestimos. Cuando es muy bebé es cierto que él no podrá escoger su ropa, y seremos nosotros los que la seleccionemos. Pero el ejercicio ya puede empezar desde aquí. Justo ayer compré dos piezas de ropa y la dependienta en caja, al verme con Blai me dijo: “¿Sabe que son de niña, verdad?” Yo respondí que lo que importa es que era ropa bonita y que los cuerpos de los bebés no se diferencian por sexo. Ella sonrió y no dijo nada. Lo que quiero decir es que es importante que seamos conscientes de con qué ropa vestimos y qué ropa compramos a nuestros bebés. Que seamos consecuentes. Yo antes de comprar nada a Blai, hago el ejercicio de pensar si la prenda me gusta, independientemente de si es de niño o de niña y si me gusta la compro. Creo que la asignatura más difícil son los vestidos y las faldas. Yo no le he comprado ninguno a Blai, imagino que todos tenemos aún que revisarnos cosas, y esta para mí, es una de ellas. Cuando crezcan, creo que es importante hacerles saber y verbalizar que no hay colores de niño o de niña, que son simplemente colores, y que el puede escoger los que más le gusten para vestirse. Ya que estamos con el tema de comprar, sería importante hablar también del consumismo en la educación y del consumo consciente. Pero bueno, creo que eso da para otro post, verdad?

Lo mismo pasa con los juguetes. Como leí no hace mucho por Instagram “Si no necesitas los genitales para jugar con él, un juguete no tiene sexo”. Pues eso. Cuando compremos juguetes, compremos los que le gusten a nuestros hijes o los que consideremos interesantes para su desarrollo y su edad, independientemente de si está considerado que es de niño o de niña. Y lo mismo con las actividades extraescolares. Ofrécele baile, futbol, natación, pintura, lo que sea que creas que le puede interesar y puede disfrutar. No hay actividades de niño o de niña. Hay actividades que les gustan y actividades que no les gustan. Actividades que les interesan y que no. Eso es todo.

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Otro punto para mí fundamental para empezar a deconstruir roles de género es la educación emocional. Son muchos los hombres a los que les han sido negadas sus propias emociones de niños y que luego, de adultos son incapaces de reconocerlas, expresarlas y gestionarlas. Son nulos emocionalmente. Es por eso que es tan importante dejar que nuestros hijos sientan y expresen sus emociones, que sientan que todas son válidas y que nosotros estamos ahí para sostenerlas. Déjale llorar, déjale enfadarse, déjale entristecerse y déjale saltar de alegría. Déjale sentir, expresar y quédate a su lado a escuchar.

De la mano de lo anterior viene poder ofrecer modelos de masculinidades diferentes. Las famosas nuevas masculinidades. Como dice Chimamanda Ngozi “la masculinidad es una jaula muy pequeña y dura en la que metemos a los niños”. Si, el patriarcado también les oprime a ellos. Les hace encajar en unos estándares muy limitados en los que muchos no se sienten cómodos. Es por eso que resulta tan importante que nuestros hijos puedan recibir modelos diferentes. Como decíamos al principio, sus primeros modelos serán las personas de su entorno, así que es importante que podamos ofrecer nuevas maneras de vivir la masculinidad dentro de la familia. También es interesante poder ofrecer cuentos, películas, series… donde no predominen los roles tradicionales. Donde los hombres puedan ser vulnerables, puedan llorar, puedan bailar, puedan llevar vestido si les apetece. Y no olvidemos lo importante que es poder ofrecer modelos femeninos a seguir. Háblale de mujeres famosas. Háblale de mujeres que triunfan en el deporte o en la ciencia. Háblale de esa antepasada que se fue a explorar el Amazonas ella sola.

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Y ya acabando, creo que resulta esencial hablar de educación sexual. Los niños tienen que aprender que No es No. Creo que desde muy pequeños les hemos de enseñar a respetar su propio cuerpo y el de los demás. Quizás le puedes enseñar a pedir permiso antes de tocar a otra persona. O dejarle claro la importancia del No. Como siempre con el ejemplo. Si le estamos haciendo cosquillas y dice que no, paremos. Si estamos jugando con las manos y dice que no, paremos. Enseñémosle que nosotras también respetamos su cuerpo. No le obliguemos a dar besos si no quiere, no, ni siquiera a la tía abuela que ha venido expresamente a verle. Solo así aprenderá la importancia del no y del poder sobre el propio cuerpo.

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Creo que al final, y muy resumidamente, es dejarle ser lo que quiera ser. Y mostrarle que cada uno puede ser quién quiere ser. Sin limitarle. Sin imponerle estereotipos absurdos. Dejar que vuele libre. Y claro que fuera de casa se encontrará cosas diferentes. Y claro que puede ser que se confunda y que pase una época que diga que “el rosa es de chicas”. Pero el cambio empieza en casa. Y esa base que hemos sembrado la llevará siempre, le acompañará en su camino, en sus relaciones, en como se dirija a las mujeres y en como él eduque a sus hijas si las tiene. Y poco a poco lo conseguiremos. El cambio empieza ahora y el patriarcado ya está cayendo.

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